Editorial

En la pluralidad de nuestro equipo, incondicionales, seguidores o, utilizando una terminología más actual, fólogüers, la denominación “Viernes de Ceniza” hace referencia al primer viernes de Cuaresma, principio e inicio de todas nuestras actividades, que habitualmente comenzaban con la presentación de nuestro cartel, posterior Foro, Tertulias de radio o televisión y concluyendo con nuestras ediciones en formato periódico de Frente a la Tribuna.

Este año habríamos cumplido los treinta y cuatro, analizando y sintiendo, con todos nuestros sentidos, (incluyendo el común, a veces tan escaso), la Semana Santa desde nuestra peculiar perspectiva. Si retrocediéramos en el calendario trecientos cincuenta y seis días, estaríamos en el inicio de esta pandemia que nos asola y turba nuestras vidas. Asimismo, estaríamos presentando nuestra trigésima tercera edición de Frente a la Tribuna, en la cuál ironicé   sobre la coincidencia con la edad de la muerte de Cristo, esperando no fuera un mal presagio el coincidente guarismo. Lamentablemente el nefasto vaticinio se cumplió, nuestras actividades escasamente se pudieron llevar a buen fin, no sin pasar por un particular vía crucis. Con el decreto ley del confinamiento, llegó nuestro cese total de actividad pública a mediados de marzo, no sin antes volver a innovar en la comunicación cofrade, realizando algunas Tertulias telemáticas, permaneciendo posteriormente y hasta hoy, en un estado permítanme el palabro: inexistido. Se podría decir estuvimos en “el séptimo cielo”, en referencia a ese espacio onírico que San Pablo escribía en su Apocalipsis como un Regreso al lugar que procedía. Algo más terrenal, puede ser La Inopia, mi personal lugar de culto junto a la playa en la localidad de la Torre de Benagalbón. O, en el limbo, que según una de las aseveraciones de la RAE es… donde estaban detenidas las almas esperando la redención por Jesucristo…, aunque sería más ajustado decir: Sin enterarse de lo que ocurre, añadiendo el matiz en el mundo cofrade.

Esta Cuaresma será, sin duda, diferente a todas las vividas. No habrá actividad cofrade, pero el cofrade puede tener siempre actividad. Esa fuerza de trabajo que irrumpía en las casas hermandades y templos, esas juntas de gobierno que semanalmente se reunían para organizar lo organizable y reorganizar lo que ya estaba organizado, y los demás hermanos, en sus tareas. En estas fechas deberían dar culto a sus Titulares con otro tipo de quehaceres, dirigiendo sus esfuerzos hacia la ayuda social. Muchos de nuestros mayores, que viven solos, agradecerían que nuestros jóvenes y maduros les hicieran la compra, les ayudaran a las tareas del hogar o simplemente les hicieran compañía para hablarles de sus cofradías y de sus sagrados Titulares, ayudar a familias con algún miembro enfermo de larga duración o dependiente, colaborar con instituciones, ONG, bancos de alimentos, casas de acogida, parroquias, etc…  El voluntariado puede ser una estupenda alternativa.

Esta Cuaresma no es sólo diferente para el mundo cofrade. Hace poco leía un artículo en la Opinión de Málaga, de nuestro querido amigo y colaborador J. Antonio Sau, en el cual apuntaba a la necesidad que tienen más de cien empresas que conforman la industria cofrade malagueña. Son pequeñas empresas y autónomos que tienen como mercado y fuente única de ingresos, la celebración de nuestros muy suntuosos desfiles procesionales. Artistas y artesanos que ponen en valor nuestras cofradías, aportando empleo, formando a profesionales y recuperando oficios tradicionales que, sin ellos, estarían extinguidos. También muy numerosas las pequeñas empresas y autónomos que en Cuaresma hacen su agosto, bares y restaurantes próximos a una casa hermandad, tintorerías, floristerías, artes gráficas y un largo etc., y que necesitarán de ayuda o subvención para que sigan manteniendo un halo de vida laboral. Ya en otras provincias, más adelantadas que nosotros, lo han hecho.

Esta Cuaresma también será muy diferente para la Agrupación de Cofradías qué, ni en sus peores sueños, podían vislumbrar un centenario como el que estamos soportando. Tantos anhelos, trabajo, ilusión… todo perdido. Este aniversario, será recordado por otros motivos más infaustos, que no por sus cien años y por marcar un hito en la historia. Tampoco habrá esa visita obligada, por tantos miles de abonados, a la plaza de las Cofradías, ni debate por localidades, ni polémica por el nuevo recorrido oficial…, y algo importante: no habrá ingresos por sillas y tribunas. Son algunas las cofradías que pueden tener algún tipo de carencia al no poder disponer de esa cuantía, aunque tampoco tienen el considerable gasto que supondría efectuar su culto externo. Pero sabemos, o al menos suponemos, que hay costos fijos en concepto de triduos, mantenimiento, luz, hipoteca…, muy onerosos. Sin embargo, nada que no puedan hacer frente gracias a la devoción de las largas listas de hermanos, la creatividad o el trabajo.

Este “Viernes de Ceniza”, por nuestra parte, es distinto a todos los anteriores. No hay acto de presentación, no estará nuestro cartel pegado por los establecimientos de nuestras calles, no habrá ciclo de Tertulias en los medios de comunicación locales o digitales, no se reunirá el Foro para debatir lo más sobresaliente de esta Cuaresma y tampoco podréis tener en vuestras manos nuestro periódico cofrade. Tan sólo estas humildes líneas, mantendrán vivo y harán homenaje a tantos años de historia e informarán a nuestra numerosa audiencia de nuestra “no actividad”.

No podíamos dejar de caer en la tentación de aportar en este día, al menos, una imagen, que no cartel (recuerden eso de un grito en la pared), al panorama cofrade. Para tal fin he seleccionado una acuarela antigua de un crucificado, obsequio de nuestro ilustre colaborador Pepeprado, que puede representar el tránsito que la pandemia nos ha obligado a vivir. 

Deseo que esta Semana Santa la vivas con pasión y compasión. Salud y suerte. Hasta pronto o eso espero.

Paco Villasana